martes, 7 de septiembre de 2010

Tu, tu y tu.

Un día me dijiste que me querías como nunca habías querido a nadie. Y te creí. Siempre fuiste sincero conmigo, tus ojos me lo decían. Tus palabras, también. Menos mal que tu y yo jamás creímos en los para siempre, ¿no?

Recuerdo con cierta nostalgia esos te quiero que me decías antes de irnos a dormir, cuando sonaba un bip (siempre en Reunión para no despertar a la familia, claro) en mi móvil para desearme buenas noches y dulces sueños. Echo de menos estar pendiente las 24 horas del día para ver si la pantallita enciende sus luces como símbolo de que te has acordado un poquito de mi. Colgarme del teléfono a las 19:00 y hablar contigo durante horas, minutos, segundos (nunca los suficientes).

Te echo de menos, a morir, para ser más exactos. Desde aquel día en el que decidimos seguir nuestra vida sin estar el uno al lado del otro no he sido la misma. De verdad, lo he intentado, y lo sabes. He buscado a fondo en otros cuerpos lo que en el tuyo encontraba con tan solo rozarlo. Ni con todo el empeño del mundo te han igualado.

Acompañada de un cigarro en la mano derecha y con la izquierda acariciando el borde de un vaso de tubo lleno con una cañita bien fresca, me acuerdo de ti. Nadie ha vuelto a juguetear con mi pelo como acostumbrabas a hacer tu; ni me han mirado con esa ternura que tanto te caracterizaba. Me he negado a aceptar diminutivos cariñosos de otros que no fuesen tu; no me he dejado querer (ni he querido que me quieran). Pero, ey, que así estamos muy, muy, pero que muy bien. Es la situación correcta. Para siempre.

Ssssh -te quiero- está lloviendo.



Yo solo quiero hacerte el amor
yo solo quiero que me quieras como te quiero yo

1 comentario:

annita dijo...

uiiis... acabo de verte por el foro de Pereza :)

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