Hace cuatro o cinco años (ya he perdido la cuenta), conocí a una personita muy especial, de hecho, es la más especial del mundo, del cielo, del universo entero si me permiten. No conozco humana mejor.
¿Por qué si es tan especial no he hablado nunca de ella y, sin embargo, dedico entradas y entradas a las mismas personas una y otra vez? Es más fácil de lo que creéis. Ella es tan jodidamente especial que nunca encuentro las palabras adecuadas para dedicarle. Muchos días abro un nuevo documento de Word y empiezo a escribir, pero mi dedo meñique, que es más sensible que mi cabeza y corazón y sabe lo que siente la gente, se estira hasta el “delete” una y otra vez, diciéndome que no es suficiente lo que he empezado a escribir, aunque yo creyese que estaba empezando a ir bien encaminada.
Tal vez ahora, que tanto te echo de menos tras estar dieciséis días sin verte consiga decirte todo lo que quiero por aquí (aunque sé de sobra que eres consciente de lo que eres para mí, pero quiero que quede constancia de por vida y, cuando seamos viejitas, releer esto y reírnos mucho, mucho).
La verdad es que no me acuerdo de cómo nos conocimos exactamente. Creo recordar que mi compañera de clase se marchó de intercambio y ella se sentó a mi lado. ¿Por qué? Un misterio sin resolver, pero sé que después de llevar cinco días sentada con ella le dije que se viniese un viernes por la tarde a mi casa.
Y ella aceptó. Me acuerdo que ese viernes me llamó por la tarde porque no encontraba la calle y cuando salí a buscarla estaba parada a 10 metros de su destino. Sé que subimos a la terraza y fumamos cachimba.
Ahí fue cuando oficialmente empezó todo.
Después de ese día han venido, por lo menos, cuatrocientos cincuenta y seis viernes a su lado. Cuatrocientos cincuenta y seis tardes con la persona de mi vida (me encantaría ser chico y enamorarme de ella, una pena ser todo lo contrario).
Sé que he tenido tres mejores amigas en diecinueve años, pero ninguna ha sido como ella.
Con T, la primera de todas, crecí, literalmente, pues nos conocimos en parvulitos y seguimos juntas muchos años en el colegio. Pero las cosas se tuercen, y un segmento de nuestra amistad se giró un poquito, muy poquito, pero suficiente.
Compartir mi vida con A me hizo crecer tres años de golpe si quería seguir a su lado.
Con Lidia todo ha sido siempre distinto. No he tenido que sufrir, ni madurar precipitadamente. Gracias a ella me he convertido en lo que soy, porque todo lo hace fácil. A su lado no hay obstáculos ni barreras. Ya se encarga ella de quitar antes las piedras del camino y borrar la sangre de mis errores. Así es ella.
¿Lo bueno que tiene? Que si te tiene que decir algo bueno, te lo dice corriendo. Si te tiene que regañar por algo que has hecho, también lo hace. No se calla, se preocupa por mí, y para mi eso es lo más importante.
Con la mano en el pecho y sin cruzar ningún ápice, juro que tengo la mejor amiga del mundo.
Juro que mi vida sin ella se va a la puta mierda.
Juro que todo a su lado tiene sentido.
Juro que no haber conocido persona más bonita hasta que la conocí a ella.
Juro que estos dieciséis días sin ella se están haciendo eternos.
Juro que sus veinte van a ser increíbles, o por lo menos, mejores que los diecinueve.
Juro que mis veinte van a ser increíbles, porque la pienso seguir teniendo a mi lado, aunque la tenga que raptar y atar a una silla para que no se libre de mi.
Juro no concebir mi vida sin ella.
La primera vez que lo escuché mis oidos iban asimilándolo todo, nota por nota. No importaba si desafinaba o no: había notas musicales, había ritmo y armonías, y todo eso empezaba a dar vueltas en mi cabeza. Era algo muy parecido a una droga. De hecho, era una droga mucho más potente que el caballo: el caballo siempre lo puedes dejar, su música no.
Una nota llevó a la otra y nunca sabías que venía exactamente después, y tampoco quería. Era como caminar por una bellísima cuerda floja.
Y luego atendí a la letra... y decidí que intentar desintoxicarme de su música sería la peor decisión que haría en mi vida.
Y aquí estamos... sufriendo día a día el síndrome de abstinencia. Sin probar la droga desde el 18 de Marzo. Muriéndome por una dosis.
Joder, ¿hay alguien capaz de desengancharse de él?
Una nota llevó a la otra y nunca sabías que venía exactamente después, y tampoco quería. Era como caminar por una bellísima cuerda floja.
Y luego atendí a la letra... y decidí que intentar desintoxicarme de su música sería la peor decisión que haría en mi vida.
Y aquí estamos... sufriendo día a día el síndrome de abstinencia. Sin probar la droga desde el 18 de Marzo. Muriéndome por una dosis.
Joder, ¿hay alguien capaz de desengancharse de él?
Un pájaro en la luna. Un pueblerino en París. Un vagabundo en la Moncloa. Un abstemio en San Fermín. Eso soy yo desde que tú no estás aqui.
Un lunes por la mañana sin ganas de seguir. Una sombrilla en Alaska. Un marinero en Madrid. Un año sin verso. Un joven sin botellón. Un perro flaco sin huesos. Una lágrima en la estación.
Desde que te fuiste me volví más canalla, mis dos neuronas te extrañan. Más triste que Manhattan sin sus torres elevadas, como Venecia sin agua.
Una canción desesperada. Una flor en Chernobil. Un calcetín solitario. Un poeta sin su Abril. Una tarde en la oficina. Un cigarro sin hachis. Barcelona sin Las Ramblas y Reinosa, sin ti.
Soy un policía en Carnaval, un cojo bailando un vals, un tango en soledad.
Soy una escalera de pensión, una noche sin rock and roll, un arcode menor.
Soy una paloma en Irak, un cartonero en Capital, unas ganas de llorar.
Soy un niño sin regaliz, un anciano en San Valentin, unas ganas de morir.
Un lunes por la mañana sin ganas de seguir. Una sombrilla en Alaska. Un marinero en Madrid. Un año sin verso. Un joven sin botellón. Un perro flaco sin huesos. Una lágrima en la estación.
Desde que te fuiste me volví más canalla, mis dos neuronas te extrañan. Más triste que Manhattan sin sus torres elevadas, como Venecia sin agua.
Una canción desesperada. Una flor en Chernobil. Un calcetín solitario. Un poeta sin su Abril. Una tarde en la oficina. Un cigarro sin hachis. Barcelona sin Las Ramblas y Reinosa, sin ti.
Soy un policía en Carnaval, un cojo bailando un vals, un tango en soledad.
Soy una escalera de pensión, una noche sin rock and roll, un arcode menor.
Soy una paloma en Irak, un cartonero en Capital, unas ganas de llorar.
Soy un niño sin regaliz, un anciano en San Valentin, unas ganas de morir.
Voy pensando en casa, y desde hace un tiempo sólo me vienen a la cabeza frases de sus temas, continuamente, no hay quien me los saque de la cabeza. Se me han clavado y no, no hay manera de sacarlas.
Pero eso es bueno, ¿no? Es decir, no estamos hablando de Lady Gaga, es Pablo Galiano. Antes de seguir leyendo, quiero que os metáis en su Myspace y escuchéis un par de temitas para saber de lo que hablo. Si podéis, servíos una copa de tinto, o desvirgad a una rubia. Una vez hecho esto, dejaos llevar por el sonido.
www.myspace.com/pablogaliano
Lo entendéis, ¿verdad? Sabéis que no habéis escuchado nada mejor desde hace eones. Os habéis enamorado de LA VOZ, esa voz rota sacada del mismísimo infierno siendo capaz de llevarte consigo a él. Ojipláticos, no podéis parar de atender a las letras, a la poesía que emana de sus gloriosas cueras vocales. Nunca unas letras os han aportado tanto; no lo neguéis, estáis ante el mayor fenómeno musical de hoy en día. Aprovechadlo.
Jamás pensé que podría llegar a escuchar algo similar a lo que hace él. Galiano es un poeta que canta; un cantante que recita; un guitarrista con instrumento reducido; una guitarra pequeñita rascada por un gigante.
Es puro sentimiento corriendo por sus venas, desde el corazón hasta los dedos de sendas manos que fluyen hacía una púa amarilla Dunlop y hasta los trastes de una guitarra. Hay rock en sus pies escondidos en sus botas de escamas. Hay rock en sus ojos escondidos tras el humo de un pitillo.
Soy drogadicta de la música, y Pablo Galiano es mi sustancia preferida.
Larga vida a él y su música :)
PD: ¡Ay qué rico!
Para entenderse esto: http://fuerzadeldestino.blogspot.com/2010/10/toda-mi-gente-va-ir-al-infierno.html
Pero eso es bueno, ¿no? Es decir, no estamos hablando de Lady Gaga, es Pablo Galiano. Antes de seguir leyendo, quiero que os metáis en su Myspace y escuchéis un par de temitas para saber de lo que hablo. Si podéis, servíos una copa de tinto, o desvirgad a una rubia. Una vez hecho esto, dejaos llevar por el sonido.
www.myspace.com/pablogaliano
Lo entendéis, ¿verdad? Sabéis que no habéis escuchado nada mejor desde hace eones. Os habéis enamorado de LA VOZ, esa voz rota sacada del mismísimo infierno siendo capaz de llevarte consigo a él. Ojipláticos, no podéis parar de atender a las letras, a la poesía que emana de sus gloriosas cueras vocales. Nunca unas letras os han aportado tanto; no lo neguéis, estáis ante el mayor fenómeno musical de hoy en día. Aprovechadlo.
Jamás pensé que podría llegar a escuchar algo similar a lo que hace él. Galiano es un poeta que canta; un cantante que recita; un guitarrista con instrumento reducido; una guitarra pequeñita rascada por un gigante.
Es puro sentimiento corriendo por sus venas, desde el corazón hasta los dedos de sendas manos que fluyen hacía una púa amarilla Dunlop y hasta los trastes de una guitarra. Hay rock en sus pies escondidos en sus botas de escamas. Hay rock en sus ojos escondidos tras el humo de un pitillo.
Soy drogadicta de la música, y Pablo Galiano es mi sustancia preferida.
Larga vida a él y su música :)
PD: ¡Ay qué rico!
Para entenderse esto: http://fuerzadeldestino.blogspot.com/2010/10/toda-mi-gente-va-ir-al-infierno.html
La habitación está a oscuras. Tu ya estás en la cama, destapada, con el ordenador apoyado en el colchón, las rodillas recogidas sobre tu pecho, descubiertas porque ha llegado el calor y con él los pijamas de camisetas largas sin más y Elton John sonando en el reproductor una y otra vez.
Conclusión: imposible no echarle de menos.
No importa la cantidad de años que pasen, la herida no termina de cicatrizar. Cuando parece que ambos extremos van a pegarse por fin para siempre, algo vuelve a tirar de ellos haciendo que la costura se abra de nuevo, haciendo brotar la sangre con fuerza y rapidez, doliendo.
Te duele, te duele muchísimo que se fuera tan rápido, que no se despidiese de ti, que tú no te despidieses de él. Que no le dieses un último beso en la mejilla, un último abrazo; que tú no escuchases el último pitido de tren, ese que tanto te gustaba que hiciese con las manos… siempre te dejaba boquiabierta cada vez que lo hacía. Te duele enormemente que se esté perdiendo tu adolescencia y tu crecimiento tanto físico como mental, te conoció siendo niña, cuando no eras capaz de expresarte bien, no sabías lo que decías, no pensabas, no mostrabas el cariño que realmente sentías. No decías te quiero.
Y eso, eso es lo que más te jode. Te jode cantidad que no le dijeses nunca que le querías. ¿Por qué no lo hiciste? Le querías como a nadie. Porque ese amor fue creándose con los años y los actos, no era como el amor que se siente hacia un padre, con él se nace… este era tan distinto. Te había ganado por completo una batalla que tú no quisiste luchar.
Y ya es tarde, ya es jodidamente tarde…
… y te cuesta digerirlo. Los 17 de octubre se te hacen cuesta arriba desde hace casi 5 años. Y encontrar balines en el suelo te destroza por dentro. Los hombres con bigote. Los Kikes y los Enris. El Barça. Gervasio Deferr y Dani Pedrosa. Sitges. Su cinturón. Su cinturón te rompe en mil trocitos, pero aun así te encanta sacarlo de su escondite y recordarle. Olerlo y estar oliéndole a él; acariciarlo como si fuese su mano lo que tocas y no un trozo de cuero. Es el único recuerdo físico que tienes de él, ¿sabes? Por eso, aunque te hace añicos, lo necesitas para sobrevivir. Necesitas tener algo que retenga su esencia por si algún día te olvidas de cómo era él poder sacarlo y recordar.
.
No sé dónde estarás ahora mismo, ni si estarás en algún lugar físico, a fecha de hoy todavía no sé en qué creo. Pero me encantaría creer que todavía estás a mi lado, que todos los días ves cada cosa que hago y velas por mí. Me gusta pensar que cada vez que miro al cielo buscándote, eres tú quien me encuentra primero; que la vida para ti sigue, que estás esperando en algún lugar a que vayamos contigo, a vernos una última vez.
Quiero creer que estás aguardando el momento para abrazarnos y poder repetirte que te quiero hasta la saciedad, hasta que te canses de mí y me mandes callar, aunque sé que eso no lo harías. Estoy tan segura que te encantaría escucharme decirlo…
… pienso que, ahí donde estás, tú no me echas de menos, porque puedes verme y caminar a mi lado sin que yo me entere, pero aquí todo es diferente. No sé dónde estás, qué haces, si estás conmigo o en otro punto geográfico, si estás en los dos. Si estás orgulloso de mí. No sé si estás al tanto de lo que pasa aquí. No sé si sabes que mataría por abrazarte hasta hacerte daño y no dejarte escapar.
Me abandonaste sin darme la oportunidad de demostrarte de lo que soy capaz; por favor, estés donde estés, Enrique, espérame. Necesito volver a verte, just one more time…
Te quiero, te quiero, te quiero. Escúchalo cuando antes de irme a dormir te lo susurre esta noche, por si acaso estás sentadito en la esquina de mi cama velando mis sueños.
Gracias por ser la pieza central en el puzle de mi vida.
Te llevo conmigo, siempre.
Conclusión: imposible no echarle de menos.
No importa la cantidad de años que pasen, la herida no termina de cicatrizar. Cuando parece que ambos extremos van a pegarse por fin para siempre, algo vuelve a tirar de ellos haciendo que la costura se abra de nuevo, haciendo brotar la sangre con fuerza y rapidez, doliendo.
Te duele, te duele muchísimo que se fuera tan rápido, que no se despidiese de ti, que tú no te despidieses de él. Que no le dieses un último beso en la mejilla, un último abrazo; que tú no escuchases el último pitido de tren, ese que tanto te gustaba que hiciese con las manos… siempre te dejaba boquiabierta cada vez que lo hacía. Te duele enormemente que se esté perdiendo tu adolescencia y tu crecimiento tanto físico como mental, te conoció siendo niña, cuando no eras capaz de expresarte bien, no sabías lo que decías, no pensabas, no mostrabas el cariño que realmente sentías. No decías te quiero.
Y eso, eso es lo que más te jode. Te jode cantidad que no le dijeses nunca que le querías. ¿Por qué no lo hiciste? Le querías como a nadie. Porque ese amor fue creándose con los años y los actos, no era como el amor que se siente hacia un padre, con él se nace… este era tan distinto. Te había ganado por completo una batalla que tú no quisiste luchar.
Y ya es tarde, ya es jodidamente tarde…
… y te cuesta digerirlo. Los 17 de octubre se te hacen cuesta arriba desde hace casi 5 años. Y encontrar balines en el suelo te destroza por dentro. Los hombres con bigote. Los Kikes y los Enris. El Barça. Gervasio Deferr y Dani Pedrosa. Sitges. Su cinturón. Su cinturón te rompe en mil trocitos, pero aun así te encanta sacarlo de su escondite y recordarle. Olerlo y estar oliéndole a él; acariciarlo como si fuese su mano lo que tocas y no un trozo de cuero. Es el único recuerdo físico que tienes de él, ¿sabes? Por eso, aunque te hace añicos, lo necesitas para sobrevivir. Necesitas tener algo que retenga su esencia por si algún día te olvidas de cómo era él poder sacarlo y recordar.
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No sé dónde estarás ahora mismo, ni si estarás en algún lugar físico, a fecha de hoy todavía no sé en qué creo. Pero me encantaría creer que todavía estás a mi lado, que todos los días ves cada cosa que hago y velas por mí. Me gusta pensar que cada vez que miro al cielo buscándote, eres tú quien me encuentra primero; que la vida para ti sigue, que estás esperando en algún lugar a que vayamos contigo, a vernos una última vez.
Quiero creer que estás aguardando el momento para abrazarnos y poder repetirte que te quiero hasta la saciedad, hasta que te canses de mí y me mandes callar, aunque sé que eso no lo harías. Estoy tan segura que te encantaría escucharme decirlo…
… pienso que, ahí donde estás, tú no me echas de menos, porque puedes verme y caminar a mi lado sin que yo me entere, pero aquí todo es diferente. No sé dónde estás, qué haces, si estás conmigo o en otro punto geográfico, si estás en los dos. Si estás orgulloso de mí. No sé si estás al tanto de lo que pasa aquí. No sé si sabes que mataría por abrazarte hasta hacerte daño y no dejarte escapar.
Me abandonaste sin darme la oportunidad de demostrarte de lo que soy capaz; por favor, estés donde estés, Enrique, espérame. Necesito volver a verte, just one more time…
Te quiero, te quiero, te quiero. Escúchalo cuando antes de irme a dormir te lo susurre esta noche, por si acaso estás sentadito en la esquina de mi cama velando mis sueños.
Gracias por ser la pieza central en el puzle de mi vida.
Te llevo conmigo, siempre.
Espera, no te vayas todavía. Siéntate aquí, conmigo... eso es, pégate un poco más, para que pueda fundir tu mano con la mía y retenerte de por vida. Has cruzado esa puerta cientos de veces, miles de veces, y todavía pareces seguir esperando algo; algo que quizá sea mucho más evidente que lo que pretenden sopesar tus ojos cuando están abiertos. Quédate un poquito más, un segundo más... mientras concentro todas mis fuerzas en intentar comprender cada movimiento de tu mente. Aunque puede que no sea tan buena idea... creo que me estoy precipitando, creo que estoy empezando a predecir algunos de tus pensamientos... Mírame, ya empiezo a temblar otra vez, pero no de la manera que tiemblo cuando te veo aparecer casi de sorpresa después de mucho, mucho tiempo sin vernos. Bueno, no sé qué pronósticos tendrán tus relojes del tiempo, pero los míos se desesperan cada veinticuatro horas que marcan de más... y de menos, de menos cuando sus segunderos también tiemblan al ver tachar otro día impar en el calendario. Pensarás que soy idiota, una insensata que pierde el tiempo a la espera del día treinta y dos de algún mes de duración ilimitada en el que no digamos nada y nos lo estemos contando todo.
Ya está... ahora ya puedo sentirte, ahora vuelvo a respirar el efluvio de tu perfume... pequeñas partículas que se filtran por mis poros y noto cómo me envuelven; como cuando me regalas uno de esos abrazos que me cortan la respiración que sólo tú sabes reanimar momentos después. Espera, creo que voy a guardar mi lateral izquierdo en el bolsillo... Pesa demasiado, supongo que después de perder la cuenta de todos los golpes que ha recibido, es normal que se haya desequilibrado su balanza y pesen cada vez más las irreparables reacciones viscerales de mi cabeza. Supongo que empiezas a pesar demasiado. No, no hables... será mejor no escuchar tu voz para evitar que mis arterias se contraigan y aceleren mi ritmo cardíaco, será mejor evitar una subida de mis niveles de necesidad adictiva para no someterle a un mayor esfuerzo. Shhh... calla, empiezan a temblarme hasta las palabras...
...y hoy creí oir el eco de tu voz al amanecer. Creí estar unida a ti por unas costuras invisibles y que nunca nada nos separaría.
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